Se agota tiempo para canje de prisioneros
por Constanza Vieira
BOGOTA, 15 dic (IPS) Las familias de políticos, policías
y militares de Colombia en manos de las insurgentes FARC dicen no
resistir más tiempo de espera por una decisión del
gobierno a su pedido de canje humanitario de prisioneros, presentado
con apoyo político local e internacional.
Los familiares de los rehenes aguardan la respuesta del gobierno
a la propuesta presentada la semana pasada, tras desalojar la catedral
de Bogotá y la principal iglesia católica de Cali,
la capital del occidental departamento de Valle del Cauca, que habían
tomado para presionar por un acuerdo de intercambio entre guerrilleros
izquierdistas encarcelados y sus parientes.
Exigen en particular que el presidente derechista Alvaro Uribe
conforme de inmediato una comisión con capacidad negociadora
y de decisión que abra el camino para un acuerdo de intercambio
de prisioneros con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia).
La desocupación de las dos iglesias llegó de la mano
de una fórmula que, según pudo saber IPS, recomienda
desligar totalmente de cualquier intención de reconciliación
nacional el avance hacia un acuerdo humanitario entre las partes.
La propuesta, cuyo contenido no ha sido divulgado hasta ahora,
también pide que el Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos
Restrepo, no debería participar de ese grupo negociador debido
al carácter de su cargo. Indica, además, que el derecho
internacional humanitario (DIH), ratificado por Colombia, es un
marco amplio y suficiente para lograr el acuerdo y tiene máxima
jerarquía legal.
Este grupo aboga por 37 efectivos del ejército y de la policía
hechos prisionero en combates, algunos hace más de seis años,
y por 21 políticos, entre ellos la ex candidata presidencial
Ingrid Betancourt raptada en febrero de 2002 y 12 diputados departamentales
de Valle del Cauca secuestrados hace 20 meses por las FARC de la
misma sede parlamentaria en el centro de Cali.
A ellos se suman tres estadounidenses que cayeron en poder de las
FARC en febrero, cuando tripulaban un avión del Comando Sur
del Ejército de Estados Unidos en misión de inteligencia
en el marco del Plan Colombia, de lucha contra el narcotráfico
y la guerrilla, que cuenta con especial asistencia de Washington..
Pero las FARC han reiterado en muchas oportunidades que prisioneros
y rehenes sólo recuperarán la libertad si sale de
la cárcel "la totalidad" de los guerrilleros. "Otras
opciones son inviables e inaceptables", dijo el portavoz de
las FARC, Raúl Reyes, en entrevista otorgada en noviembre
a Kintto Lucas, de IPS.
A su vez, el gobierno de Uribe no acepta ni ésta ni otras
condiciones de las guerrillas.
En la toma de la catedral realizada el martes de la semana pasada,
en víspera del Día Internacional de los Derechos Humanos,
se encontraban la madre de Betancourt, Yolanda Pulecio, de 63 años,
Juan Carlos Lecompte, esposo de la ex candidata, y Marleny Orjuela,
presidenta de Asfamipaz, asociación de familiares de militares
y policías prisioneros de las FARC.
Estos familiares no están solos, pues los apoyan todos los
ex presidentes vivos de Colombia, a excepción de Andrés
Pastrana (1998-2002). También la Iglesia Católica,
partidos políticos, sindicatos, académicos y movimientos
de la sociedad civil.
Una comisión mediadora propuesta por las familias el mismo
día de la toma incluyó una nutrida presencia diplomática,
entre ellos los embajadores en Colombia Daniel Parfait, de Francia,
Luis Ortiz Monasterio, de México, y Olaf Skoog , de Suecia,
y también Michael Frühling, director en este país
de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Derechos Humanos.
Además participaron el ex presidente colombiano Alfonso
López (1974-1978), el cardenal católico Pedro Rubiano,
al ex canciller Augusto Ramírez, al periodista Carlos Lozano,
director del semanario comunista Voz, y Ana Teresa Bernal, activista
humanitaria, entre otras personalidades.
Sólo cuando el cardenal Rubiano anunció que el presidente
Uribe recibiría el mismo día 10 a una delegación
de la comisión fue que los familiares decidieron desalojar
las dos iglesias es día.
Uribe, quien adoptó desde su asunción en agosto de
2002 una línea dura para poner fin a la guerra civil de más
de cuatro decenios, expresó inicialmente reservas a la propuesta
central de la delegación, que es nombrar una comisión
negociadora. El mandatario afirmó que eso "desmotiva
a la tropa".
En concepto de Uribe, en Colombia no hay guerra ni conflicto armado
interno, por consiguiente para él "no hay combatientes,
sino terroristas". Ese planteamiento es la columna vertebral
de la política de "seguridad democrática",
que enarbola como bandera de su gobierno.
En Colombia, además de la toma de rehenes y de prisioneros
de guerra, se secuestra por dinero. La Fundación País
Libre atribuyó a los protagonistas de la guerra 60 por ciento
de los 1.652 secuestros registrados entre enero y septiembre.
De esa porción, 55 por ciento fue atribuido a FARC, 29 por
ciento al Ejército Nacional de Liberación (ELN), la
segunda fuerza insurgente del país, y el resto a los paramilitares
de derecha.
Estos secuestrados, por cuya libertad se cobran fortunas, no han
sido mencionados nunca por las FARC como sujetos de negociación
en el marco de un canje. "El Estado tiene disposición
para la paz, pero sobre la base de que los terroristas dejen de
secuestrar, liberen a los secuestrados y se desmovilicen",
repitió Uribe.
Tras el tira y afloje entre familiares de secuestrados y el gobierno
están los principios del DIH, que ampara a los prisioneros
de guerra y su intercambio son una figura aceptada por la Convención
de Ginebra que regula las guerras. La toma de rehenes civiles es
una infracción al DIH, mientras el secuestro extorsivo es
un delito común, independientemente de sus motivaciones,
explican los expertos.
El 4 de diciembre, el embajador estadounidense en Bogotá,
William Wood, anunció que su país aumentaba a cinco
millones de dólares la recompensa por información
efectiva para dar con los captores de sus conciudadanos.
En medio del secreto, unos 2.500 soldados colombianos y 49 militares
y asesores de estados Unidos, se dedican hace 10 meses a buscar
a los estadounidenses.
Mientras, la vida de quienes están en poder de las FARC
corre peligro. Los centinelas de prisioneros, rehenes y secuestrados
tienen orden de disparar en caso de que el ejército intente
un rescate a la fuerza.
Precisamente, así encontraron la muerte el 5 de mayo el
gobernador del noroccidental departamento de Antioquia, Guillermo
Gaviria, su asesor de paz, el ex ministro de defensa Gilberto Echeverry,
y 10 militares que se encontraban en manos de la guerrilla.
Desde su cautiverio y a través de un video grabado por la
guerrilla, Betancourt terció en el debate que se desató
a partir de la tragedia. "Rescate sí, definitivamente
sí, por principio, pero no cualquier rescate. (...) Operaciones
de rescate exitosas, porque de eso se trata", señaló
en esa grabación.
Refiriéndose a los soldados y policías prisioneros
de guerra, Betancourt añadió que "el canje es
una obligación moral de un Estado democrático".
En cuanto a los rehenes como ella, precisó que "los
civiles no deben ser canjeados", y propuso a la guerrilla "liberación
humanitaria, (...) independientemente del canje de soldados y de
policías".
Marleny Orjuela y sus compañeras no quieren oír hablar
de rescates a la fuerza. Quieren definiciones ya. "Es el tiempo
el que los está matando", dijo. Relató que en
los años de cautiverio de los uniformados murieron abuelos,
padres, madres, incluso hijos, y nacieron bebés cuyos progenitores
sólo conocen en fotografías.
La otra cara de la moneda son las cárceles. Con cerca de
un tercio de hacinamiento, allí la guerra sólo cambia
de escenario y se torna más peligrosa.
Centenares de guerrilleros comparten prisión con decenas
de sus enemigos acérrimos, los paramilitares. Según
dijo a IPS un ex combatiente que pasó seis años cumpliendo
condena, en la cárcel "todo el mundo está armado".
En 2000, en la cárcel Modelo, de Bogotá, estalló
un combate de tres días, que dejó el saldo de 47 reclusos
muertos y 17 heridos. Los atacantes paramilitares portaban, según
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, "armas
de largo alcance". Los detenidos políticos fueron objeto
de medidas cautelares de parte de ese organismo continental pocos
días después.
El líder histórico de las FARC, Manuel Marulanda,
hace un lustro tomó en sus manos la propuesta de canje. En
sus comunicaciones sobre el tema pone de presente la angustia de
los familiares de ambos bandos. Este año nombró una
comisión de tres jefes guerrilleros para negociar el canje
con el gobierno y pidió que Uribe dé un paso similar.
La FARC hicieron entregas parciales de prisioneros de guerra a
los anteriores gobiernos de Ernesto Samper (1994-1998) y de Pastrana.
Samper despejó militarmente 13 mil kilómetros cuadrados
para permitir la entrega de 70 soldados y Pastrana obtuvo de las
FARC la entrega de 297 uniformados a cambio de la libertad de 14
guerrilleros.
Bajo el gobierno Uribe, entre quienes han rodeado la campaña
por el intercambio hay optimistas y escépticos. Los primeros
esperan para esta semana una reacción presidencial que atienda
las propuestas de la comisión, mantenidas hasta ahora en
el sigilo.
Sin embargo, Jairo Ramírez, director del Comité por
los Derechos Humanos, no se hace ilusiones. "No va a haber
ninguna posibilidad durante este gobierno", indicó a
IPS, "porque significaría la quiebra de su política
de ´seguridad democrática´".
En nombre de las familias, Orjuela repitió estos días
que Asfamipaz continuará con las acciones de hecho.
"El dolor y la angustia nos están llevando a este tipo
de actos", dijo Fabiola Perdomo, vocera de las familias de
los diputados de Cali. "Si el gobierno no le da una salida
a esta situación, estos hechos se van a seguir repitiendo
en todo el país", advirtió. (FIN/IPS/03)
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