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NAPLUSA,
Palestina (IPS)
La implacable lógica de las represalias mutuas agrava
el conflicto entre israelíes y palestinos, mientras
el gobierno de Israel decide invadir los campamentos de refugiados,
a los que considera paraísos de militantes suicidas.
Cinco
civiles israelíes y dos militantes palestinos murieron
el 5 de marzo y casi 40 resultaron heridos en diferentes ataques
suicidas en Tel Aviv, la central localidad de Afula, y la
meridional ciudad de Sderot, en Israel.
Siete estudiantes y un profesor árabes fueron heridos
cuando un proyectil alcanzó a una escuela en Jerusalén
oriental.
Helicópteros israelíes atacaron la sede de la
Autoridad Nacional Palestina (ANP) en Gaza, así como
instalaciones en la noroccidental ciudad de Tulkarem y la
central de Ramalá, en Cisjordania.
El lunes 4, el ejército volvió a ingresar en
campamentos de refugiados en los territorios palestinos, matando
a nueve personas. La ofensiva incluyó operaciones en
Ramalá, donde seis civiles palestinos murieron por
el fuego de artillería.
En la incursión de la semana anterior a los campamentos
de la septentrional ciudad de Jenin y de Balata, cerca de
la ciudad cisjordana de Naplusa, murieron otros 20 palestinos.
Esta ofensiva sobre los campamentos fue ordenada por el gobierno
israelí a la reticente jerarquía del ejército,
que teme las consecuencias de entrar en campamentos densamente
poblados y considerados por Tel Aviv como reducto de los militantes
suicidas.
El primer ministro de Israel, Ariel Sharon, se negó
a admitir que la profundización de la violencia se
vincule a las primeras incursiones israelíes en campamentos
de refugiados desde que se inició la intifada (levantamiento
palestino) en septiembre de 2000.
Sharon sostuvo que su país aplicará "presión
militar continua" sobre los campamentos.
"Habrá
ataques a colonos y soldados en los territorios ocupados y
posiblemente a civiles en Israel", en respuesta a la
invasión de Balata y Jenin, advirtió el 1 de
marzo el líder del movimiento Fatah en Balata, Hussam
Khader.
Durante ese fin de semana se cumplió con creces la
amenaza del dirigente de Fatah, el movimiento del presidente
de la ANP, Yasser Arafat. El saldo de una explosión
suicida en Jerusalén y de ataques en los territorios
ocupados fue de 21 muertos y decenas de heridos israelíes.
A comienzos de año, cuando las tropas israelíes
ocuparon la ciudad de Tulkarem, la mayoría de los militantes
a quienes buscaban escaparon a un campamento cercano, que
se mantuvo a salvo de la ocupación.
Analistas israelíes sugirieron que el ejército
evitaba ingresar a los campamentos, por temor a perder muchos
soldados en un ámbito hostil.
El comandante de las fuerzas que operan en Cisjordania, Gershon
Yitzhak, aseguró que el propósito de las operaciones
actuales en Balata y Jenin es demostrar a los militantes palestinos
que ya no tienen dónde esconderse.
Pero en Balata, el objetivo parece no haberse logrado. Líderes
radicales aseguraron que la mayoría de los militantes
buscados lograron escapar.
"Sabíamos
desde hace dos semanas que iban a hacer esto. Tuvimos bastante
tiempo para preparar nuestra resistencia", explicó
Khader, comandante de la milicia Tanzim de Fatah y él
mismo buscado por los israelíes.
Las fuerzas de Israel ocuparon la casa de Khader en Balata
y arrestaron a su familia. "Mis tres hijos, mi esposa,
que está embarazada, y me hermana están encerradas
en un cuarto donde no tienen agua ni electricidad", sostuvo.
Pero el militante logró escapar y se refugió
en la casa de unos amigos en Naplusa, donde recibe visitas
y llamadas telefónicas. "Esta (llamada) era del
consulado de Estados Unidos. He hablado así mismo con
la Unión Europea y con la Organización de Naciones
Unidas", dijo Khader, mientras apartaba el teléfono.
La resistencia inicial a la incursión israelí
fue simbólica, "una forma de elevar el espíritu
de todos los palestinos, pero en cierto punto ordené
a nuestros combatientes retirarse y todos salieron",
afirmó.
El ejército israelí aseguró haber matado
al menos a un alto dirigente de Hamas-Movimiento de Resistencia
Islámica en el campamento de Jenin, mientras en los
alrededores la mayor parte de las víctimas fueron policías
palestinos.
Khader criticó duramente el papel de la ANP en Balata.
"Tienen miedo. Se limitan a enviar un fax a Israel diciendo
que se oponen a la incursión. Cada servicio envió
simbólicamente diez efectivos sólo para mostrarlos,
pues se retiraron apenas empezó" la agresión,
aseveró.
Khader no ocultó su propio temor. "Los israelíes
están conducidos por un general loco, Sharon, que es
responsable de (las matanzas de palestinos cometidas en 1982
en los campamentos de refugiados de) Sabra y Shatilla",
en el Líbano, dijo el militante.
El recuerdo de aquellos hechos, por los cuales Sharon, entonces
ministro de Defensa, fue hallado responsable indirecto, también
inquieta a la oposición israelí.
"Esto
es una locura total", reaccionó el líder
del izquierdista partido Meretz, Yossi Sarid, advirtiendo
a Sharon que se cuidara de lo que pueda pasar en los campamentos
atacados, pues "ya se quemó en Sabra y Shatilla".
Los palestinos aseguran que la mayoría de las víctimas
de Balata eran civiles inocentes. "Luchamos, pero la
mayoría escapó con sus armas. Resistimos hasta
que empezaron a usar helicópteros", dijo un comandante
de la milicia Tanzim, internado por sus heridas en el hospital
Rafidiyeh, en Naplusa.
"Todos
somos refugiados y resistimos a los israelíes más
que nadie. Ahora que no pudieron atraparnos están demoliendo
nuestras viviendas y demás posesiones", agregó.
Los efectivos que ingresaron en Balata lo hicieron en vehículos
blindados, topadoras y tanques utilizados para demoler viviendas.
Las tropas evitaron así el peligro de las estrechas
callejuelas del sobrepoblado campamento.
La búsqueda de militantes fue sistemática y
cada avance era cubierto con fuego de artillería y
ocasionales bombardeos. La resistencia se diluyó el
jueves por la tarde, cuando la mayoría de los sospechosos
ya habían escapado. Balata permaneció sin agua,
electricidad ni teléfonos durante dos días.
Un grupo de niños y niñas que retornaron al
campamento el viernes por la tarde, relataron llorando los
hechos de la jornada anterior. "Nuestra hermanita menor
está en el hospital, pues fue alcanzada por los escombros
cuando los israelíes demolieron nuestra casa",
dijo Jamila, de 15 años. (FIN)
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