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WASHINGTON
(IPS)
La creciente oposición en Occidente a los planes de
guerra de Estados Unidos contra Iraq parece reflejar, como
en un espejo, la supuesta fisura del mundo islámico
entre una pequeña minoría de extremistas y la
vasta mayoría moderada y pacífica.
Desde los ataques de septiembre de 2001 contra Estados Unidos,
atribuidos por Washington a radicales islámicos, expertos
en política internacional estadounidenses han destacado
el quiebre del mundo musulmán y desacreditado la visión
de un "choque de civilizaciones" entre el Islam
y Occidente.
La novedad es que, ahora, las divisiones internas del mundo
islámico pasaron a un segundo plano ante las que sufre
el mundo occidental.
Alemania y Francia, las economías más fuertes
de Europa, se oponen con firmeza al plan de guerra del presidente
de Estados Unidos, George W. Bush, mientras altos funcionarios
de Washington ya se refieren a la alianza militar de Occidente,
la Organización del Tratado del Atlántico Norte,
como un dato del pasado.
La división se hizo aun más evidente cuando
millones de personas salieron el 15 y 16 de enero a las calles
de las principales ciudades occidentales para manifestar su
oposición a una posible invasión a Iraq.
La fractura, cada vez más expuesta, revela que la civilización
a la que suele denominarse judeocristiana es hoy escenario
de una gran batalla interna, en la que está en juego
no sólo su unidad, sino toda la arquitectura de relaciones
internacionales creada tras la segunda guerra mundial (1939-1945).
El diario The New York Times dedicó el 14 de enero
dos páginas a una columna de un periodista conservador,
Even Davis Ignatius, que describió la división
como "profunda" y "fundamental".
Ignatius, quien suele promover la posición del ala
derechista del gobierno de Bush, mostró en su columna
una repentina alarma al comparar la determinación del
presidente estadounidense a dominar el mundo con la del capitán
Ahab, el antihéroe de la novela "Moby Dick",
de Herman Melville (1819-1891).
En la novela, el obsesivo capitán Ahab destruye su
barco y acaba con su propia vida para atrapar a Moby Dick,
la gran ballena blanca.
"El
gobierno (de Bush) parece dispuesto a sacrificar casi todo
--las alianzas (internacionales) de Estados Unidos, la prosperidad
y hasta la seguridad de sus ciudadanos-- en su determinación
de desalojar del poder al presidente iraquí Saddam
Hussein", escribió Ignatius.
El columnista rompió la homogeneidad de los simpatizantes
del ala más conservadora del gobierno estadounidense,
que propone la eliminación, incluso física,
de los radicales musulmanes y de los gobiernos que supuestamente
los respaldan y que, en palabras de Bush, "tratan de
secuestrar el propio Islam".
Según esa visión, Occidente debe persuadir "a
la mayoría islámica de que los Osama bin Laden
(líder de la red radical Al Qaeda a la que Washington
atribuye los atentados de 2001) destruyen y denigran su religión
y sus sociedades", como escribió el columnista
de The New York Times Thomas Friedman.
Pero la opinión pública europea parece cada
vez más convencida de que el gobierno de Bush está
llevando a Occidente a una dirección similar.
Las encuestas marcan una gran oposición del público
a una guerra contra Iraq aun en los países cuyos gobiernos
respaldan la operación. Un sondeo publicado por el
diario The Guardian, de Londres, indica que 52 por ciento
de los entrevistados en Gran Bretaña se oponen a la
guerra.
Sesenta y ocho por ciento de los encuestados en Italia por
la firma Eurisko la rechazan incluso con la autorización
de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), al
igual que, según Gallup, 64 por ciento de los indagados
en España, dos tercios de los de Eslovaquia y 21 por
ciento de los de Estados Unidos.
En cuanto a los países cuyos gobiernos procuran una
solución política a la crisis, Gallup indicó
que se oponen a una guerra contra Iraq, aun con el aval de
la ONU, 64 por ciento de los entrevistados en Suecia, 60 por
ciento de los franceses, 59 por ciento de los rusos y 50 por
ciento de los alemanes.
Dentro de Estados Unidos, 37 por ciento de los encuestados
por Gallup creen que Bush tiene la potestad de ordenar un
ataque contra Iraq aun sin el aval de la ONU, mientras 59
por ciento sostienen que debe consolidarse una alianza internacional
antes de atacar.
También 39 por ciento de los estadounidenses entrevistados
creen, como afirma el gobierno, que el régimen de Saddam
Hussein tiene vínculos con Al Qaeda.
Cientos de miles de personas se manifestaron en las calles
de Estados Unidos el 15 y 16 de enero contra los planes de
guerra. Los concejos municipales de 90 ciudades --entre ellas
Atlanta, Austin, Baltimore, Chicago, Cleveland y Filadelfia--
aprobaron resoluciones contra la guerra en las últimas
semanas.
El papa Juan Pablo II ha manifestado en reiteradas ocasiones
la oposición de la Iglesia Católica a una guerra,
al igual que el Consejo Nacional de Iglesias de Cristo, que
reúne a la mayoría de las comunidades protestantes
estadounidenses.
La prédica belicista del gobierno ha recibido incluso
críticas del obispo de la congregación a la
que pertenece el presidente Bush, la Iglesia Episcopalista,
Frank T. Griswold.
"Llamo
al presidente Bush a agotar todas las iniciativas diplomáticas
y multilaterales alternativas a una guerra. Acciones unilaterales
podrían causar tensión entre Estados Unidos
y otras naciones y socavar la meta compartida de erradicar
el terrorismo mundial", escribió Griswold en una
carta abierta.
"Urjo
con fuerza al presidente a actuar sólo de acuerdo con
el Consejo de Seguridad de la ONU", agregó el
religioso. (FIN)
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