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BUENOS
AIRES (IPS) La justicia argentina atrae la atención
internacional, tras el inicio del juicio oral a 20 personas
acusadas de participar de la "conexión local"
para el atentado contra una mutual judía en 1994, que
causó la muerte a 85 personas y que habría sido
planeado en el exterior.
En las audiencias públicas iniciadas el 24 de septiembre,
que se desarrollan en medio de un fuerte operativo de seguridad,
la justicia tratará de determinar los responsables
del apoyo logístico del atentado contra la Asociación
Mutual Israelita Argentina (AMIA), que investigadores suponen
fue planificado y financiado en Siria o Irán.
Precisamente, los fiscales del caso señalaron el 24
de septiembre que no se puede descartar la relación
de los autores intelectuales y materiales del ataque a la
AMIA con el saudita Osama bin Laden, considerado por Estados
Unidos el principal sospechoso de ordenar los atentados terroristas
del día 11 en Nueva York y Washington.
La destrucción de la sede de la AMIA con coche-bomba
se produjo dos años después de que otro perpetrado
con igual método derribara la embajada de Israel en
Argentina, con un saldo de 29 muertos.
La investigación del ataque contra la embajada israelí,
que llegó hasta la última instancia de la Corte
Suprema de Justicia, concluyó sin resultados, y los
familiares de las víctimas de la AMIA sostienen que
en este proceso se tienen aún menos pistas que en el
caso anterior.
Sin embargo, abogados de la AMIA aseguraron que uno de los
sospechosos de atentar contra la legación diplomática
de Israel en Buenos Aires figura en la lista del estadounidense
Buró Federal de Investigaciones de posibles autores
de los ataques del martes 11 en ese país.
Mientras, 15 de los 20 argentinos acusados de colaborar con
los terroristas que destruyeron la AMIA eran funcionarios
de la policía de la provincia de Buenos Aires en el
momento del ataque.
La fiscalía sospecha que cinco de los involucrados
fueron "partícipes necesarios" del atentado,
por haber hecho los trámites para conseguir y acondicionar
el vehículo que se usó como coche-bomba.
Los investigadores encontraron entre los escombros de la mutual
el motor de la camioneta modelo "trafic", que fuera
cargada con explosivos para hacerlos detonar frente al edificio
ubicado en un barrio céntrico de Buenos Aires.
El hallazgo del motor condujo a la policía hasta el
mecánico Carlos Telleldín, quien, tras ser detenido
en 1994, declaró que armó una trafic con ese
motor a pedido de policías bonaerenses.
Los policías acusados niegan la versión de Telleldín,
mientras expertos sostienen que no existen pruebas contundentes
para establecer una conexión entre las declaraciones
de unos y otros.
Por eso, fiscales, abogados y familiares de las víctimas
confían en que el juicio oral y público arroje
nuevos datos. La justicia ha convocado a declarar a 1.470
testigos, en audiencias que insumirán entre siete y
10 meses.
El fiscal José Barbaccia, uno de los tres que intervinieron
en las investigaciones, sostuvo este lunes que a lo largo
del proceso procurarán "terminar con las estructuras
de silencio y complicidades entre los acusados".
A pesar de los cuestionamientos de familiares de las víctimas,
quines consideran que en la investigación de más
de siete años hubo muchas irregularidades y encubrimientos,
nadie descarta ahora que el proceso eche nueva luz sobre los
ataques en Nueva York y Washington.
"Para
nosotros, hoy es un día muy importante", declaró
Sofía Guterman, madre de una joven muerta en el atentado
contra la AMIA.
"Trabajamos
más de siete años y hubiéramos querido
tener a todos: los ideólogos, los que prepararon la
bomba, los que la hicieron detonar y los que ayudaron, pero
de todos modos tenemos esperanzas de saber la verdad",
añadió.
"Si
los policías nos dicen a quién le entregaron
la camioneta, se nos abren las puertas de la conexión
internacional, donde están los peces gordos",
explicó.
No obstante, Guterman apuntó que nadie sabe lo ocurrido
en la semana previa al atentado, pues hay un "agujero
negro" en la investigación, que es "imposible
de penetrar".
"Sabemos
que la trafic existió, que fue entregada por el comisario
Juan José Ribelli el 10 de julio, 10 días antes
del atentado", remarcó.
Explicó que Ribelli y Telleldín mintieron y
entregaron pistas falsas durante años, y eso provocó
retrasos quizás definitivos en la investigación.
Por su parte, Diana Malamud, viuda de un arquitecto que también
murió en la AMIA, es más escéptica.
Malamud, de la agrupación de familiares Memoria Activa,
dijo a IPS que el proceso procura dar un cierre a un asunto
que fue encubierto por políticos, legisladores y funcionarios
judiciales.
"Para
muchos, este proceso debería ser un epílogo,
pero para los familiares es apenas el comienzo de una investigación
en la que hubo graves encubrimientos por parte de políticos
y de funcionarios judiciales y policiales", agregó.
Memoria Activa presentó hace más de un año
una demanda ante la Comisión Interamericana de Derechos
Humanas (CIDH), en la que acusa al estado argentino de no
prevenir el ataque, de ineficacia en las investigaciones judiciales
y de no hacer justicia a más de siete años de
ocurrido el ataque.
El presidente de la CIDH, el chileno Claudio Grossman, se
hizo presente este lunes en la apertura del proceso y volverá
a presentarse periódicamente para estar al tanto de
los avances que se produzcan en el juicio, según declaró.
También harán los propio representantes del
gobierno de Israel y, por supuesto, líderes de la colectividad
judía de Argentina y de otros países.
Sin embargo, los familiares de las víctimas que integran
Memoria Activa descreen de estos apoyos, pues entienden que
son vulnerables a las presiones políticas y a los intereses
económicos. (FIN/IPS/mv/dm/ip/01)
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