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PORTO
ALEGRE, Brasil (IPS)
La principal conclusión de la tercera reunión
anual del Foro Social Mundial (FSM), que se realizó
del 23 al 29 de enero en la meridional ciudad brasileña
de Porto Alegre, es la perspectiva de su próximo encuentro,
porque se trata de un proceso continuo.
Por otra parte, la politización del mensaje del Foro
fue simbolizada por la victoria en las elecciones presidenciales
brasileñas de octubre de Luiz Inácio Lula da
Silva, promotor del encuentro de Porto Alegre desde sus inicios,
quien visitó el 24 y 25 de enero el FSM, y habló
el 26 en su contrapartida anual del Foro Económico
Mundial (FEM).
El FEM reunió a grandes empresarios, políticos
y funcionarios internacionales en la sudoriental localidad
suiza de Davos, y el presidente brasileño propuso allí
que ambos foros cooperen para luchar contra la miseria y el
hambre.
En los últimos años, algunos observadores han
intentado descalificar al Foro Social Mundial al llamarlo
un club de los pasados de moda, pero la reunión de
activistas se parece cada vez más a un esbozo del futuro.
Miles de personas de numerosos países, decididas a
corregir todo tipo de injusticias mediante todo tipo de soluciones,
se encontraron en cientos de reuniones del FSM, que tiende
a convertirse en la Meca de quienes buscan un mundo mejor,
donde movilizaciones callejeras y seminarios apunten en la
misma dirección.
En 2001, la primera reunión del FSM priorizó
el análisis de la situación mundial, en 2002
se jerarquizaron las propuestas de cambio, y este año
lo más importante fue "concebir estrategias para
implementar esas propuestas", afirmó la activista
Susan George, directora asociada del holandés Instituto
Transnacional.
George es también vicepresidenta de la filial francesa
de la Asociación por una Tasa a las Transacciones Financieras
Especulativas para Ayuda a los Ciudadanos, más conocida
por sus siglas en francés, ATTAC.
Al comienzo del encuentro, delegados iraquíes regalaron
una bandera de su país a sus pares estadounidenses,
e israelíes y palestinos se dieron la mano, para reafirmar
mensajes de paz en relación con las actuales crisis
de Medio Oriente, cuya discusión dominó buena
parte de la reunión del FSM.
Muchos activistas piensan que la campaña para evitar
un ataque estadounidense contra Iraq pone a prueba en forma
decisiva la capacidad de las movilizaciones populares para
frenar a Washington y a las grandes firmas petroleras.
Esa campaña tiene inesperada fuerza en Estados Unidos,
desde donde llegaron a Porto Alegre más de 1.000 delegados,
la más numerosa delegación de ese país
en la breve historia del FSM, compuesta en su mayoría
por activistas opuestos a la guerra en Iraq que fueron ovacionados.
"Necesitamos
una victoria de esa campaña internacional, para mostrar
que el actual ímpetu de la globalización puede
ser frenado", opinó Nicola Bullard, de Foco en
el Sur Global, con sede en Bangkok.
"La
guerra que se planea es el símbolo más grotesco
de la globalización que 'ellos' impulsan. La resistencia
a esa guerra es el símbolo más importante de
'nuestra' globalización", sostuvo.
La magnitud de la oposición a una guerra en Iraq será
puesta a prueba en la movilización mundial prevista
para el 15 de febrero.
Delegados de Campaña Paren la Guerra, con sede en Londres,
se reunieron en Porto Alegre con grupos latinoamericanos para
planear manifestaciones en esa fecha, y el escritor pakistaní
Tariq Ali, residente en Gran Bretaña, fue aplaudido
de pie tras un apasionado alegato pacifista.
En el centro de muchos debates estuvo la diversidad de significados
que se asignan al término "globalización".
En esa materia hubo importantes discrepancias entre los delegados,
que de todos modos las percibieron como algo mucho menos importante
que la gran brecha entre Porto Alegre y Davos.
"No
podemos dar la espalda a la Organización Mundial del
Comercio y volver a la ley de la selva", arguyó
en el primer debate sobre globalización Pierre Calame,
de Alianza por un Mundo Responsable y Solidario.
"Ya
estamos bajo la ley de la selva. La única diferencia
es que ahora el cavernario habla inglés", replicó
Ricardo Navarro, de Amigos de la Tierra Internacional.
También se discutieron cuestiones vinculadas con los
derechos humanos, la diversidad, la igualdad y los grupos
étnicos. La educación, la salud y la seguridad
social se enfocaron como derechos sociales, más que
como beneficios otorgados por los Estados.
Algunos grupos reanudaron debates sobre biodiversidad, agua
y energía, a partir de las conclusiones alcanzadas
en septiembre por la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible,
que se realizó en la nororiental ciudad sudafricana
de Johannesburgo.
Miles de participantes en un campamento juvenil, provenientes
de más de 20 países, intentaron experimentar
una nueva forma de vida, mientras aprendían a reciclar
sus residuos en forma productiva, respetar los recursos naturales
del agua y la tierra, y relacionarse entre sí con espíritu
comunitario.
Ese tipo de experiencias implica una nueva forma de socialismo,
cuyo significado es dar prioridad a la sociedad, y los activistas
perciben como principales adversarios de ese proyecto al Fondo
Monetario Internacional, el Banco Mundial y las firmas transnacionales
que dan prioridad a los mercados.
El mero hecho de estar en Porto Alegre se ha convertido en
un mensaje sobre la importancia de vivir con recursos relativamente
escasos, y acercarse así a la experiencia del mundo
en desarrollo, dijo a IPS un delegado.
El consumo por participante en el FSM fue muy inferior al
de Davos, pero los asistentes a la reunión de Porto
Alegre parecieron mucho más felices. (FIN)
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